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BIOGRAFÍA

Cori de Veer (Caracas, Venezuela, 1985) es una artista visual que trabaja con materiales en estado de transformación —petróleo crudo, hierro oxidado, concreto, sedimento, anís estrellado— para registrar cómo el tiempo y el desgaste actúan sobre las estructuras que intentan contenerlos. Sus pinturas, ensamblajes y archivos parten del fragmento antes que de la imagen total: la mancha, la grieta, la oxidación.
El petróleo es el eje de su investigación reciente: una materia donde se condensan millones de años de vida transformada. En series como Semillas de Petróleo, Memorias Urbanas y País Estrellado —y en piezas como Llamada Final (Mención de Honor, Salón Jóvenes con FIA, 2023)— el material se vuelve testimonio: del accidente, del paisaje venezolano resquebrajado, y de los sistemas frágiles que sostenemos para nombrar el mundo. Bajo la premisa “Sé que mientes, pero te creo”, su trabajo más reciente lleva esa investigación a la pintura, donde el crudo, el hierro y los pigmentos minerales se vuelven la superficie misma del territorio.
Estudió en el Programa de Profesionalización del Artista Emergente de Node Center, Berlín (2020), y cursó el Diplomado en Arte Contemporáneo de la Universidad Metropolitana (2019). Es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Monteávila (2009). Su obra ha sido expuesta en la Sala Mendoza, el MACZUL, Cerquone Projects, ArtLima y la Galerie Abstract Project de París, y forma parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia. Vive y trabaja en Caracas.

DECLARACIÓN DE ARTISTA

Mi trabajo nace de una tensión que me obsesiona: el choque entre nuestra necesidad de imponer orden al mundo y la tendencia de la materia a deshacerse. Vengo de Venezuela, un país marcado por crisis largas que han resquebrajado tanto su estructura física como las historias que se cuenta a sí mismo. Pienso mi obra como una estratigrafía del desgaste: un registro de las capas de sentido, poder y memoria que acumulamos sobre una realidad que, tarde o temprano, se desintegra.
Me interesa cómo los sistemas que inventamos para organizar el mundo —el lenguaje, la política, la religión, el archivo— se revelan insuficientes frente a lo que pretenden contener. Trabajo desde una premisa que me sirve de brújula: “Sé que mientes, pero te creo.” Asumo que estas estructuras son ficciones frágiles, y aun así las sostenemos porque son lo único que nos permite habitar la incertidumbre. En el taller, esa tensión se vuelve materia. El petróleo, eje de mi investigación reciente, no es para mí un recurso industrial sino memoria geológica: vida comprimida durante millones de años, donde se condensa la fragilidad de todo sistema que se pretende permanente. Pinto con petróleo Merey 16 de la Faja del Orinoco, con hierro, con pigmentos minerales, con anís estrellado.
Trabajo desde el fragmento y la grieta antes que desde la imagen total. Lo que aparece en el lienzo no es la representación de un territorio, sino el territorio mismo convertido en superficie. Una materia puede ser bella y corrosiva a la vez, y esa ambigüedad es deliberada: mi pintura deja constancia del momento en que toda estructura empieza a deshacerse.

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